Me gusta que mi vista se nuble,
y que mi cuerpo desvaríe y perderme.
Me gusta que mi cabeza explote,
y las palabras broten, diciendo incoherencias.
Mi necedad, como la de Erasmo, es consciente.
Me alimento de sensaciones, de encarecimientos.
Puede titilar mi alma, millones de minutos;
puede extralimitarse mi tórax,
pero seguirá existiendo.
¡Que importan las consecuencias!
Si es otro más, otro que pasará al recuerdo,
como cumpleaños de 6 años,
como casamiento de primo,
como recital sin lujos.
Y quemar las naves,
detonar el futuro,
si sólo hay hoy
y nada más que hoy.
domingo, 31 de enero de 2010
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